Expedición Imlil-Toubkal 2009
El Equip Alpí Edelweiss 06´ es un grupo de amigos, apasionados por cualquier deporte, pero especialmente por el alpinismo, con una larga trayectoria de cumbres conquistadas, tanto en el ámbito nacional como internacional, que en busca de nuevos horizontes en nuestro deporte, decidimos darle una nueva orientación, algo que llenase nuestras vidas, y creo que, después de esto, lo hemos conseguido.
No es la primera vez que de viaje en viaje, y, al realizar las aproximaciones a las cumbres más altas de Europa, nos damos cuenta que es precisamente en estos lugares donde, por razones obvias de comunicación, menos recursos existen, y lógicamente los primeros que pagan este precio son los niños.
Trabajo en una unidad de emergencias en la comunidad valenciana, y desde mucho tiempo atrás, en mi época de opositor, me hice una promesa: una vez consolidada la plaza quería viajar a un país para realizar labores de ayuda humanitaria, donde fuese, hacer algo que realmente llenara mi vida. Por desgracia, una vez te metes en este mundo, te das cuenta de la cruda realidad. No es tan sencillo.
Pero a veces tenemos todo delante de nuestras narices y no nos damos cuenta. En realidad lo tenía todo delante de mí. Tenia el lugar, la gente necesaria, la forma física necesaria para llegar allí, y una ciudad tremendamente solidaria.
Hay que ponerse en marcha, hay mucho trabajo que hacer; Buscar un lugar idóneo. Nuestra idea consiste en llevar ayuda allá donde es mas difícil llegar, es decir lugares recónditos escondidos entre cordilleras. Imlil era un lugar ideal. Es una pequeña aldea berebere, cuya población no supera los 600 habitantes y un colegio que alberga a los niños de aldeas cercanas como Mezic o Armed, niños que tenían que recorrer varios kilómetros para poder recibir clase en unas infraestructuras bastante deficientes.
El segundo paso era más complicado, encontrar un contacto que nos proporcionara información sobre el lugar y sus necesidades, como llegar, donde estaba el colegio… horas y horas de la gran avanzada herramienta mundial, Internet. Y salió. Un joven berebere, dueño de un pequeño hostal en la zona que, con muchísima insistencia por nuestra parte, puso en conocimiento a la aldea de nuestra llegada. La cosa empezaba a pintar bastante bien y nos animó a seguir trabajando en el proyecto, aunque todavía no sabíamos si llegaría a buen puerto.
Una vez sellado nuestro compromiso, nos pusimos a repartir la noticia por varios colegios y estamentos públicos, como el Ayuntamiento Almoines, el de Gandia o su biblioteca. El problema era que viajábamos en avión y nuestra carga no podía superar los 100 Kg., así que tuvimos que ser cautos en el orden de peticiones y las cantidades que podíamos recoger. En primer lugar pedimos el material escolar a los colegios Gregory Mayans de Gandia, El Castell de Almoines y Manuel Sanchis Guarner de Castelló de Rugat, que se volcaron en nuestra ayuda sin dudarlo ni un momento. Para completar el material que nos faltaba, el ayuntamiento de Gandia nos firmo un vale para poder comprar material en la papelería Mateco de Gandia. Otras empresas privadas como Vertitec, o personas ajenas a todo esto como Inés Santos, David, Ángel, Patri, o Blanca, conscientes de lo que íbamos a hacer, también pusieron su granito de arena.
Salimos el día 24 de Marzo, con una ilusión tremenda. Nuestro vuelo salía a las 9:30 de la mañana y el madrugón era de órdago, y como no, nuestro primer problema.
Nuestro equipaje superaba el peso máximo en casi 20 Kg., y por supuesto una compañía aérea de bajo coste no iba a desaprovechar la oportunidad de meternos una sanción de ¡¡¡200 euros!!! 12 euros por kilogramo de más. Tuvimos que desmontarles las maletas y al final el buen chico de facturación (muchas gracias por cierto) no solo hizo la vista gorda en nuestro equipaje facturado sino que nos acompaño hasta la puerta de embarque, puesto que para aligerar el peso del facturado, tuvimos que ponernos toda la ropa de expedición encima y en las mochilas, mochilas que no entraban dentro de las dichosas cajetillas que te ponen en la entrada del embarque para comprobar su tamaño.
Así pues, allí íbamos nosotros con tres pantalones cinco camisetas, dos forros polares y dos chaquetas y a 28 ºC.
La cosa no acaba ahí, puesto que al llegar a Marrakech, al vernos la policía en su aduana con esas pintas y con 100 Kg. de bolígrafos y tizas y plastilina, lógicamente pensaron que íbamos a volar el país por los aires…. Vuelve a desmontar las maletas, saca libreta por libreta y explícales en un ingles entre chabacano y deficiente, que todo aquello era para los niños del colegio de Imlil. Eso si se hartaron de oler y probar tiza de todos los colores. Esto era un serio contratiempo, puesto que nuestra llegada a Imlil estaba prevista para las 12 del mediodía, y no tuvo lugar hasta casi las 15 h, cosa que hacia casi imposible el poder dar el material el mismo día, todavía nos quedaban 5 horas de ascensión al refugio del Jebel Toubkal. Así que decidimos posponer la entrega hasta el viernes 26, día en que bajaríamos de la cima. Qui es donde llegaron los problemas reales, problemas políticos y burocráticos que nos impedían entrar material fotográfico o de video en las aulas. No acabé de entender si el problema era cultural o más bien una cuestión política, el caso es que se negaron en rotundo “It is impossible to take photographies to the children “. Solo sabían decir eso. Eran las doce del mediodía del viernes. El plan “B” era que a las tres de la tarde llegaba el director y el gobernador de aquella aldea, y dejaban abierta la posibilidad de que lo discutiera con ellos. Y ahí se quedo, en una mera discusión. Buscamos cualquier alternativa posible pero ya se habían puesto en un tono algo más altivo, un tono que empezó a no gustarme nada por que además, cuando hablaban entre ellos casi gritando, lo hacían en árabe, y no entender aquello que decían me ponía los pelos de punta. Y de golpe, no se lo que ocurrió, pero todo cambio en un instante. Me comentaron que podíamos sacar a los niños fuera del colegio y hacer unas cuantas fotos fuera, darles algo de material y luego repartir el resto dentro, pero ya sin las cámaras. Se me abrió el cielo de par en par. No os lo creeréis pero allí mismo le di las gracias a Allah.
Y así se hizo, los niños salieron de uno en uno de la escuela con cara de sorprendidos, sin saber que era lo que realmente estaba pasando allí. Cuando vieron el contenido de las mochilas se les iluminó la cara y se miraban entre ellos con una ilusión que es bastante difícil de describir con palabras. Fueron muy pocos minutos pero os puedo asegurar que a todos se nos llenaron los corazones de la felicidad que en aquel momento se respiraba en aquel lugar.
Todo lo demás queda plasmado en nuestros recuerdos y nuestras fotografías. Unas instantáneas que, a mi parecer marcan cada uno de los rasgos que allí se vivieron en ese momento. Unos rasgos marcados por la crudeza de la vida en ese lugar, invierno tras invierno, pero llenos de amor y ternura como los rasgos de cualquier niño.
Este es nuestro comienzo, y como todos, partiendo del cero más absoluto, siempre son difíciles.
Y como acostumbra a ser, los comienzos acaban formando parte del pasado. Nuestra labor comienza aquí, con vuestra solidaridad, la que hace que nuestros sueños se hagan realidad y la que hará que este proyecto siga adelante. Queremos llevar todo aquello que vosotros dais, allá donde nadie llega, a los lugares mas escondidos y necesitados de la tierra. A lo largo de este año tenemos previstas muchas actividades para recoger todo el material que podamos, y volver el próximo año a contaros que todo nos ha ido un poquito mejor.
Si quieres ayudarnos tan solo ponte en contacto con nosotros a través de nuestra Web:
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